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ECONOMÍA

De nuevo un viejo conocido, la vivienda como motor de crecimiento de la economía

Por Jorge Estévez Zapata

Economista.

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Inmobiliario,construcción,vivienda

Tras casi una década de profunda recesión económica, no sin gran precaución, parece que empieza a existir un halo de luz al final de un túnel que en ciertos momentos parecía no tener fin.

En Economía, los episodios se denominan ciclos; estos no son ni más ni menos, que una secuencia de fenómenos ordenados que llegado a un punto comienzan a repetirse. Un ciclo económico, es por tanto, el comienzo de una coyuntura que deja detrás otra; donde encontramos oscilaciones continuas en las tasas de crecimiento de los principales indicadores macroeconómicos que resumen la dirección y sentido de las economías modernas en un intervalo de tiempo determinado.

Entre los principales motores de crecimiento económico de nuestro país que tradicionalmente operan en pro de acompañar el mismo, destaca con cierto carácter hegemónico la construcción, que engloba lo que vulgarmente es llamado como "vivienda". No es de extrañar, es un sector que lleva asociado el crecimiento de otras industrias y producciones anexas. Pertenece a conjunto de variables adelantadas, que son aquellas que se transforman antes de que lo haga el propio ciclo. Por esta razón se considera que predicen la economía como elemento servicial en el corto plazo. Aunque en la actualidad el sector, esboza la sonrisa de un tímido despertar, no deja indiferente ni en el saco de promesas a olvidar, la ruptura de la burbuja especulativa que este experimentó hace ahora unos años.

Ha sido un enfermo sistémico, incapaz de sanar con modestos remedios caseros, pero que lentamente parece que se recupera, coge aliento y gana pulso.

Cuando hoy los pilares básicos en los que se sustentaba, parece que se han transformado, es posiblemente acertado, pensar, que ha sufrido un potente giro. Giro en el cual el orden de los actores se ha visto alterado dado que estos, aunque desempeñan funciones similares, ya no son los mismos.

Ahora los regentes y soberanos del feudo del ladrillo, son caras nuevas con intenciones de retomar operaciones de gran magnitud y llevar a cabo salidas a los mercados secundarios.

En la nueva dinámica del recién estrenado siglo, la banca tradicional, en inversiones de Real Estate, se queda en el banquillo, desde el pudor propio de la prudencia, oteando como se establecen nuevas reglas en el mercado y aparece en un status mucho más residual que hace unos años; pues son los fondos de capital riesgo las entidades que se llevan el protagonismo de la escena, estando inmersas en las grandes operaciones del abanico inmobiliario. Sin obviar, por supuesto, la inyección económica-financiera que han practicado a conocidos gigantes que habían perdido posiciones relevantes en cuanto a posibilidades de liquidez se refiere.

La verdadera novedad es el incipiente aspecto de profesionalidad que comienza a alcanzar cotas que hasta hoy eran desconocidas.

Las grandes firmas adquieren nuevos "fichajes" con currículos de gran calado en el panorama y con imagen relevante, nombres "importantes" habituados a operar en condiciones adversas con éxito que están consiguiendo una transición, limando aristas, para dar paso a los nuevos tiempos. Constructoras de gran tamaño son reemplazadas por sociedades técnicas enmarcadas en un plano concreto de actuación.

Una tímida demanda, expectante ante la duda de una razonable mejora y atenta frente a las manifestaciones alcistas en la confianza de los agentes, al mismo tiempo embalsada en multitud de ámbitos distribuidos por nuestra geografía, espera para comenzar a dejar de lado la cautela y eliminar, así, lidiar con riesgos innecesarios.

Los precios hoy contenidos y en el punto de mira, ejercitando el "contenerse" no son el aliado básico de las ganancias, ya que la idea de enriquecimiento aunque presente, esta matizada. Las intenciones no se gestan en torno a precios vista a futuro, se establecen mucho más a corto plazo y el interés está enfocado más en sacar hacia delante las operaciones en sí mismas.

El resultado de los ingresos menos los costes, lo que llamamos Beneficio, hoy día se encuentra en las estrategias que se aplican para conseguirlo. Consiste en encontrar nuevas alternativas que optimicen los procesos y las inversiones. Reinventar, operativizar y arriesgar en menor cuantía es sin duda el modelo que se está estructurando. 

Lefebvre - EL Derecho no comparte necesariamente ni se responsabiliza de las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación

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