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JUSTICIA

Una juez prohíbe el uso de las campanas de Urueña (Valladolid) como reloj y limita su uso a fines litúrgicos

Estima parcialmente la reclamación de un vecino, titular de un estudio de grabación, que se quejó del exceso de ruido procedente del campanario
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Las campañas de la iglesia de Santa María del Azoague de Urueña (Valladolid) no podrán seguir marcando las horas y las medias, cesando así definitivamente en su función de reloj, pero sí han sido autorizadas a continuar sonando para fines exclusivamente litúrgicos, tal y como se recoge en una sentencia que estima parcialmente la reclamación de un vecino de la villa, titular de un estudio de grabación, que se había quejado del exceso de ruido procedente del campanario.

La sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 3 de Valladolid, a la que tuvo acceso Europa Press en fuentes jurídicas, da en la razón en parte al reclamante pero, sin embargo, desestima su pretensión de ser indemnizado por el Ayuntamiento de Urueña con 12.000 euros por los perjuicios que alegaba haber sufrido en su negocio y su propia salud, al entender la juez del caso que la parte actora no ha acreditado tales daños.

Por lo que respecta al uso de la torre de la iglesia parroquial como reloj, la juzgadora considera del todo acreditado que tal funcionamiento, que comenzó a raíz de que las campanas fueran reparadas en el año 2008, "produce ruido y que éste supera los límites permitidos", de ahí la prohibición de que siga siendo utilizado como marcador horario, mientras que no pone pega alguna a que el campanario conserve su tradicional repique litúrgico.

"Es una singularidad del municipio demandado, como de todos los pueblos del entorno español, el repique de las campanas de su iglesia, presente desde hace siglos y, en todo caso, desde antes de que la parte demandante decidiera ubicar su vivienda a escasos metros de la misma, constando además que en Urueña se ubica precisamente un Museo de Campanas, lo que denota la especial tradición existente", recoge el fallo de la juez, quien añade que "negar esta tradición no viene a ser sino un imperdonable desconocimiento de la historia y la realidad social".

Lo que no atiende la juzgadora es la reclamación económica del afectado ante "una total falta de acreditación de que el ruido de las campanas pueda causarle un perjuicio que pueda hacer incompatible la continuidad de la actividad que desarrolla", a lo que añade la también falta de pruebas de que sea el detonante del trastorno psicológico que padece.

DAÑOS Y PERJUICIOS NO ACREDITADOS

En este sentido, la juez recuerda que el propio afectado puso de manifiesto en su interrogatorio que no sólo se ha quejado ante el Ayuntamiento de Urueña por el ruido o sonido de las campanas, sino que también por los ruidos del corta-césped de los operarios municipales en el mantenimiento de plazas y jardines públicos.

Durante el juicio celebrado hace ahora más de un año, el demandante se mantuvo firme en su pretensión de que las campanas de la iglesia redujeran la intensidad de su tañido y recuperasen los niveles "tolerables" que tenían antes de septiembre de 2008, fecha a partir de la cual, tras los arreglos acometidos en el campanario, el sonido procedente de la torre no sólo elevó su tono sino que intensificó su frecuencia desde que se decidió que el campanario incorporara a su uso litúrgico la función de reloj, marcando a diario las horas y las medias entre las 09.00 y las 22.00 horas.

El reclamante, músico de profesión, recordó que cuando en 2001 trasladó su residencia de Madrid a Urueña no sólo buscaba tranquilidad sino condiciones idóneas para el estudio de grabación del que vive, algo que por aquel entonces no entraba en colisión con las campanas de la iglesia parroquial, hoy su principal enemigo.

Fue a raíz del arreglo del campanario hace más de dos años y su nueva función asumida como reloj lo que obligó al demandante a reforzar el aislamiento acústico de su estudio de grabación. "Levanté toda la cubierta del estudio, volví a insonorizarlo con una inversión de 10.000 euros pero ha sido inútil", apuntó el músico, que recordó que antes de esa rehabilitación de la torre el uso de las campanas era únicamente litúrgico, para llamar a misa y tocar a muerto, y ocasionalmente para advertir a la población de la existencia de un fuego.

"Ahora el ruido de las campanas se ha convertido en algo insoportable que me ha afectado psicológicamente, puesto que estoy en tratamiento por ansiedad, y que me obliga muchas veces a suspender las grabaciones, sobre todo los fines de semana, que es cuando se produce el volteo de campanas y más demandan mis servicios los músicos", lamentó el afectado, quien por ello reclamaba al Ayuntamiento de Urueña un total de 12.000 euros de indemnización por los daños y perjuicios causados.

RESPALDO DE JOAQUÍN DÍAZ

En apoyo de su demanda, el afectado presentó el informe pericial elaborado por un técnico superior en salud ambiental y el testimonio de dos vecinos de la villa, particularmente el del etnógrafo Joaquín Díaz González, director a su vez de la fundación que lleva su nombre y que, paradójicamente, cuenta en sus instalaciones con un museo de campanas.

Este último, que reside en Urueña desde hace 21 años, reconoció que el sonido de las campanas "molesta" e incide también en su trabajo, máxime cuando su despacho está próximo al campanario, y verificó que en determinadas ocasiones que utilizó el estudio de grabación del demandante pudo comprobar que la insonorización de éste no lograba mitigar totalmente el ruido.

Pese a confesar que su interés es que "las campanas de Urueña suenen menos", el folclorista se declaró en el juicio un ferviente defensor de todo lo que éstas representan. "Llevo cuarenta años trabajando en la cultura tradicional, he promocionado conciertos de campanas, he ayudado a crear una escuela de campaneros jóvenes y he estado a punto de matarme por fotografiar una de ellas, con lo que nadie podrá decir que estoy en contra de que toquen las campanas, salvo que se me malinterprete o se haga un uso indebido de mis palabras".

RECUPERAR LA TRADICIÓN

En el lado opuesto, en favor de los intereses del Ayuntamiento de Urueña, un responsable de la referida empresa, quien rechazó que las campanas de Santa María del Azoague toquen en exceso o que su sonido sea excesivamente elevado, aseguró que "Urueña no es el pueblo donde más tocan" y calificó de "imposible" limitar la intensidad del volumen cuando los domingos se voltean las campanas para anunciar la misa.

En esta misma línea, el párroco de la villa, César Pastrana Zapico, defendió el uso de las campanas y advirtió de que tras las primeras quejas se tomaron medidas para aminorar el ruido, entre ellas sustituir la campana grande por la pequeña cuando la torre funciona como reloj y reducir de dos minutos y medio a un minuto y medio el volteo los domingos.

El religioso, al igual que el alcalde, Manuel Pérez-Minayo, justificó la 'revitalización' del campanario en el objetivo de "recuperar las tradiciones de los pueblos", sobre todo teniendo en cuenta que la localidad cuenta con una museo de campanas, e indicó que con la instalación del reloj en el campanario se ofrece "un servicio más" a los lugareños, 350 de los cuales, más otros 700 de localidades próximas, han presentado firmas de apoyo al uso actual de los polémicos instrumentos de percusión de Urueña.

Incluso uno de los testigos, Sinforiano R.G, natural y vecino de Urueña, aseguró que las campanas del municipio, que él mismo tocaba cuando en 1950 era monaguillo, eran antes mucho más activas y ruidosas y mantuvo que para nada le molestan, ni siquiera cuando tocan las horas y las medidas, y eso pese a vivir muy cerca de la iglesia. "Me parece muy bien su uso como reloj porque así sabemos qué hora es", sentenció.

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