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JUSTICIA

Condenados dos traumatólogos a un año de prisión y tres de inhabilitación por homicidio imprudente en Palencia

La Audiencia Provincial de Palencia ha condenado a dos traumatólogos, J.L.D. y J.A.M., a un año de prisión y a tres de inhabilitación para el ejercicio de su profesión por un delito de homicidio imprudente cometido por la muerte de una paciente por gangrena en 2006.
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Esta sentencia revoca parcialmente otra dictada el 11 de mayo por el Juzgado de lo Penal, que condenaba a los dos traumatólogos a sendas multas de 1.800 euros como autores de una falta, y absolvía a otro, F.C.T., de un delito de imprudencia profesional, según informaron a Europa Press fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

El nuevo fallo, contra el que no cabe ya recurso, mantiene la absolución del tercer traumatólogo pero condena ahora a sus dos compañeros de banquillo por delito de homicidio imprudente y mantiene el conjunto de indemnizaciones por importe de 20.000 euros que ambos habrán de abonar, de forma conjunta y solidaria, junto con la aseguradora Zurich y el Sacyl, a los herederos de la víctima.

ATROPELLADA POR UNA MOTOCICLETA

Los hechos se remontan al viernes 7 de julio de 2006 alrededor de las 18.00 horas cuando María Andrés García fue atropellada por una motocicleta en la localidad palentina de Guardo, motivo por el que tuvo que ser trasladada al citado hospital debido a sus heridas en frente, tibias, y en los codos tras la caída.

En el Servicio de Urgencias del citado hospital se le practicaron varias radiografías y se le diagnosticó fractura cerrada de mesa tibial en extremidad inferior derecha, por lo que el traumatólogo de guardia, Fernando C.T, absuelto de todos los cargos, le colocó una férula para inmovilizar la pierna y le practicó una analítica preoperatoria.

A partir de las primeras horas del día siguiente, estando de guardia en el Servicio de Traumatología el condenado José María M.L.D, médico especialista, es cuando la paciente comenzó a sentir fuertes dolores en la pierna lesionada, motivo por el que se le adelantó en varias ocasiones la medicación analgésica, si bien como por la tarde persistía la situación el citado médico, ante las insistencias de la familia, pasó a visitar a la paciente, aunque sin siquiera llegar a entrar en la habitación, sin, por tanto, examinarla y sin que diera instrucciones precisas al personal sanitario.

José María M.L.D. no volvió a interesarse por su paciente, hasta que se produjo su relevo hacia las 10.00 horas del día 9 de julio. A partir de ese momento, entró de guardia el segundo de los condenados y médico especialista Julio A.M. de A, que tampoco visitó a la anciana hasta que sobre las 14.00 horas, también por indicación de la familia, acudió a la habitación ante el empeoramiento del estado general de la ingresada

Ante ello los familiares optaron por avisar a una amiga de la familia que trabajaba en el propio hospital para que subiera a verla cuando terminara su turno. El hecho de que la paciente tuviera los pies amarillos y fríos hizo pensar a su hija María Piedad, vecina de Valladollid, que se trataba de algo más grave de lo que le indicaban.

Finalmente, ante este hecho, sobre las 23.00 horas la médico amiga de la familia retiró una parte de la escayola de una pierna para comprobar que había una ampolla de unos cinco centímetros, circunstancia que puso en conocimiento del personal sanitario y de Julio A.M. de A, que sobre las 02.30 horas del día 10 diagnosticó que la anciana tenía la pierna gangrenada y aconsejó la extirpación de la extremidad.

Tras practicarle una fasciotomía, fue ingresada en la UCI donde los médicos que la atendieron dijeron que llegó demasiado tarde, sufrió un shock séptico, gangrena gaseosa, fracaso multiorgánico y finalmente, el fallecimiento.

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