El Derecho

COBERTURA DEL SEGURO

¿Qué se entiende por “hecho de la circulación” al objeto de fijar la cobertura aseguradora?

Coordinador: Vicente Magro Servet

Presidente de la Audiencia Provincial de Alicante. Doctor en Derecho 

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El RD 1507/2008, de 12 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento del Seguro Obligatorio de Responsabilidad Civil en la Circulación de Vehículos a Motor (EDL 2008/143248) viene a fijar en el art. 2 y a aclarar los supuestos que quedan incluidos en lo que se entiende por “hecho de la circulación” al objeto de que quede incluido el hecho en la cobertura del seguro de la responsabilidad civil. Ahora bien, es este un tema controvertido en la doctrina de las Audiencias para fijar los casos que pueden ser considerados, o no, como un hecho de la circulación a los efectos de reputarlo (o no) un riesgo cubierto por el contrato de seguro.

En estos casos se plantea si el estacionamiento de un vehículo en la vía pública es o no un hecho de la circulación, por ejemplo, en casos de que se incendie y cause daños a otros, en casos de accidentes de pasajeros en vehículos de transporte que tengan lesiones por frenazos o movimientos del conductor, apertura de puertas en vehículos ya estacionados cuando pasa una bicicleta y tiene lesiones el conductor de esta por lo inopinado de la apertura de la puerta, o accidentes ocurridos durante el acceso a un vehículo al objeto de iniciar el trayecto o viaje.

II. Resultado del debate

Aprobado por UNANIMIDAD

1.- La noción de “hecho de la circulación” debe interpretarse de forma no restrictiva, y ello por cuanto, el elemento fundamental de tal concepto es “el riesgo circulatorio”, y precisamente éste abarca incluso los supuestos en que el vehículo no esté en movimiento, sino parado. Así, los riesgos cubiertos no serán sólo los producidos por el hecho físico del desplazamiento del vehículo sino también todos aquellos que con ocasión del uso propio del automóvil puedan producirse en tanto que integren la noción de riesgo circulatorio.

2.- El uso de un vehículo a motor y que lo sea en una actividad no excluida, y el lugar en que tiene lugar el siniestro dañoso, son los factores que han de servir para, en cada caso, analizar si estamos o no ante un hecho de la circulación.

3.- Si concurren estos factores, hay hecho circulatorio, de modo que casos típicos como desplazamientos de vehículos con el motor detenido, incendios de vehículos..., pueden considerarse hechos de la circulación en tanto derivan del uso de un vehículo, utilización que existe cuando, simplemente, está en la vía pública, cuando se accede a un garaje o se sale, o por haber terminado la conducción que es una actividad más de la circulación.

4.- La STS de 2 diciembre de 2008 (EDJ 2008/234509), en relación a un caso de daños producidos por el incendio de un vehículo en un aparcamiento público que causa daños a terceros, afirma que se trata de un hecho de la circulación en el sentido de que hecho de la circulación lo constituye tanto aquella situación en la que el vehículo se encuentra en movimiento como cuando está aparcado, excluyendo de tal concepto el estacionamiento permanente y los casos en los que se utiliza el vehículo de forma distinta a la que resulta el uso natural.

5.- La jurisprudencia de las Audiencias muestra una tendencia general a considerar muchos de estos siniestros con vehículo estacionados como “hechos de la circulación”.

6.- La redacción del art. 2 RSO tiene vocación generalista, en el sentido de considerar que el hecho de circulación no es sólo el que se deriva del tránsito en sí de los vehículos, sino los derivados del riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor.

7.- El daño producido a terceros, como consecuencia de la apertura de una puerta estando el vehículo detenido, el incendio de éste estando parado y con el motor desconectado, o incluso los daños sufridos por los viajeros transportados en un vehículo destinado a tal fin, como consecuencia de una maniobra brusca del conductor, son generadores de responsabilidad pues constituyen hechos de la circulación, de conformidad con el art. 2 RSO.

8.- No se integran en el concepto “hecho de la circulación”, de un lado, los daños o lesiones causados cuando el vehículo esté estacionado de forma permanente (STS de 10 de octubre de 2000, EDJ 2000/37058: daños por incendio en un autocar que su conductor había dejado estacionado para pasar la noche en un aparcamiento), y de otro, cuando ésta siendo utilizado de forma distinta a la que resulta del uso natural del vehículo, como el caso de la muerte de unos jóvenes por inhalación de monóxido de carbono ocurrida mientras se encontraban en el interior de un vehículo parado en un garaje (STS de 4 de julio DE 2002, EDJ 2002/26083) o la muerte de un trabajador durante la operación de carga de un camión (STS de 29 de noviembre de 2007, EDJ 2007/222924).

El texto del art. 2 RD 1507/2008, de 12 de septiembre (EDL 2008/143248), a los efectos de la responsabilidad civil en la circulación de vehículos a motor y de la cobertura del seguro obligatorio, define lo que se entiende por hecho de la circulación.

Para su apreciación se requiere  la concurrencia de los siguientes elementos:

En primer lugar, un elemento instrumental, como es la necesaria intervención de un vehículo de motor causante del siniestro. En segundo lugar, un elemento espacial: en garajes y aparcamientos, como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, urbanos o interurbanos, así como por vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común, quedando excluidos los recintos de puertos y aeropuertos. En tercer lugar, un elemento funcional: los derivados del riesgo creado por la conducción de vehículos a motor, excluyéndose los riesgos derivados de otros usos del vehículo como, por ejemplo:

a) los derivados de la celebración de pruebas deportivas con vehículos a motor en circuitos especialmente destinados al efecto o habilitados para dichas pruebas.

b) los derivados de la realización de tareas industriales o agrícolas por vehículos a motor especialmente destinados para ello, sin perjuicio de su circulación por las vías o terrenos antes mencionados.

c) la utilización de un vehículo a motor como instrumento de la comisión de delitos dolosos.

El elemento funcional es el más controvertido, en especial, cuando el vehículo causante del siniestro se encuentra detenido. A estos efectos, la STS de 2 de diciembre de 2008 (EDJ 2008/234509) declara: “la regla general consiste en atribuir esta categoría a las situaciones en las que el vehículo se encuentra en movimiento, de modo que cuando está estacionado de forma permanente (caso de la sentencia de 10 octubre 2000), o bien cuando está siendo utilizado de forma distinta a la que resulta el uso natural de un vehículo (casos de las sentencias de 4 de julio de 2002 y de 29 de noviembre de 2007), no nos hallamos ante un hecho de la circulación. A esta regla se le debe añadir la que ahora se formula en el caso de que el vehículo se halle aparcado por una parada efectuada durante un trayecto, ya sea por exigencias del propio trayecto, ya sea por exigencias legales, para facilitar el debido descanso del conductor: en estos casos se trata de un hecho de la circulación.”

En mi opinión, para que surja la responsabilidad, los daños han de provenir de un vehículo en movimiento o puesto en situación de circular, que también comprende el instante inmediatamente anterior y el posterior al inicio o la conclusión de la marcha mientras aquél está bajo el control y la disponibilidad de uso de su conductor; pero no aquéllas que se producen después de que el vehículo ha sido correctamente aparcado o estacionado, el conductor no se halla en su interior y surgen de modo espontáneo por el desarrollo de actividades totalmente ajenas e independientes de la circulación del vehículo y que generalmente se deben al riesgo inherente de la máquina.

Todos los ejemplos que se refieren en la pregunta son susceptibles de considerarse “hechos de la circulación”, con las siguientes observaciones:

1) vehículo estacionado que se incendia y causa daños a terceros, se debe exigir que el vehículo no esté estacionado de forma permanente.

2) lesiones de pasajeros como consecuencia de maniobras bruscas del conductor de un vehículo de transporte colectivo se trata de un hecho de la circulación pues el vehículo está en movimiento, supone la infracción de lo dispuesto en el art. 11.1 RGCi (EDL 2003/156972) y, es compatible con el SOVI regulado en el RD 1575/1989, de 22 de diciembre (EDL 1989/15264).

3) apertura súbita de la puerta al detener el vehículo e intercepta la trayectoria de un ciclista, se trata de una lesión que se produce inmediatamente después de detener la marcha mientras el vehículo aún está bajo control del conductor.

4) accidente ocurrido durante el acceso al vehículo para iniciar el trayecto, al tratarse de un siniestro ocurrido en el momento inmediatamente anterior al inicio de la marcha estando el vehículo a disposición del conductor.

El concepto “hecho de la circulación” no es un concepto unívoco, como puede deducirse de las distintas soluciones jurisprudenciales que han venido a darse a los distintos supuestos que quedan integrados en la cuestión, hoy propuesta.

Existe una definición tradicional de hecho de circulación pues lo que se trata de cubrir es fundamentalmente el accidente de circulación, y relacionada con hechos dañosos producidos directamente con el movimiento de los vehículos a motor. Así lo viene a indicar, por ejemplo, la STS de 1 de marzo de 1982 (EDJ 1982/1094) que, al hablar de las acciones que pueden asistir a los perjudicados, declara que de todo evento dañoso acaecido a causa de la circulación de vehículos de motor genera acción, pero el causado por la utilización o su circulación, no por los coches en general. Las propias Directivas comunitarias sobre la materia (72/166/CE, EDL 1972/2456, 84/5/CE, EDL 1983/9622 y 90/232/CE, EDL 1990/13502), partían siempre de la consideración de que el seguro obligatorio del automóvil tiene como finalidad la protección del riesgo generado por la circulación y utilización de los vehículos a motor, lo que presupone que el siniestro acontezca con ocasión de la expresada utilización, es decir, durante los desplazamientos, las maniobras de aparcamiento, o inclusive las detenciones, pero no por la mera titularidad del vehículo.

Este criterio tradicional ha supuesto en relación a los casos planteados una nutrida, variada y  contrapuesta serie de resoluciones que ha venido a generar una serie de puntos de encuentro y de desencuentro. El movimiento o utilización normal del vehículo sin ingerencia externa, ha venido a ser considerado genéricamente hecho de circulación, por tanto un incendio que cause daños a tercero con estos requisitos tiene la condición de hecho de la circulación.

Por extensión las paradas o detenciones motivadas por la circulación implican igualmente un hecho de circulación. Ello es aplicable al segundo de los supuestos, la detención para que un pasajero se baje previa apertura de la puerta. Y en general toda actuación que implique una utilización del vehículo, baste un simple encendido del mecanismo, implica hecho de circulación, lo cual es aplicable a supuestos en que hay un incendio en un vehículo parado pero con el motor en marcha, o un daño por un acceso (tercer supuesto) al vehículo con el motor en marcha.

Ello viene a mantenerse en la redacción del art 2 RD 1507/2008 (EDL 2008/143248) en que se expone que: “A los efectos de la responsabilidad civil en la circulación de vehículos a motor y de la cobertura del seguro obligatorio regulado en este Reglamento, se entienden por hechos de la circulación los derivados del riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor a que se refiere el artículo anterior, tanto por garajes y aparcamientos, como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, urbanos o interurbanos, así como por vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común”.

Para poner de relieve tanto la discrepancia como la variedad de supuestos, baste poner en relación respecto del tema del incendio de vehículos parados o detenidos las que niegan este supuesto como hecho de la circulación: SAP Madrid de 16 de julio de 1999 (EDL 1999/50471), SAP Barcelona de 7 de octubre de 2008 (EDJ 2008/264203), SAP Ourense de 31 de marzo de 2006 (EDJ 2006/268702), SAP Málaga de 29 de junio de 2007 (EDJ 2007/219531), SAP Navarra de 19 de mayo de 2006 (EDJ 2006/259092), SAP Valencia de 27 de febrero de 2007 (EDJ 2007/134256); con las que lo afirman: SAP Baleares de 18 de enero de 2007 (EDJ 2007/10819), SAP León de 24 de octubre de 2008 (EDJ 2008/324744), SAP Álava de 4 de marzo de 2008 (EDJ 2008/5656754), SAP Navarra de 11 de junio de 2002 (EDJ 2002/43064), SAP Alicante de 7 de mayo de 2008 (EDJ 2008/112196).

En alguna medida la cuestión ha venido a ser clarificada por la STS de 2 de diciembre de 2008 (EDJ 2008/234509). Ésta viene a decir: “La jurisprudencia de esta Sala ha tenido ocasión de pronunciarse en algunas ocasiones sobre siniestros ocasionados en vehículos parados o estacionados.

Así, la sentencia de 4 julio 2002 declaró que no estaba comprendida en el concepto de circulación la muerte de unos jóvenes por inhalación de monóxido de carbono, ocurrida mientras se encontraban en el interior de un vehículo parado en un garaje, porque aunque esta Sala no ha exigido que el "coche se mueva", sí que "es preciso que esté en circulación, o derivada o inherente o accesoria, y no cabe que esté en situación ajena, extraña o independiente de la circulación", como ocurría en el presente caso. La sentencia de 29 de noviembre de 2007 negó que se tratara de un hecho de la circulación y por tanto, era correcto no tramitar el procedimiento por el especial correspondiente a esta materia, un siniestro ocurrido mientras se producía la descarga de un camión, porque el fallecimiento del cónyuge de la demandante no tuvo nada que ver con el uso del motor ni con la circulación.

Finalmente, la sentencia de 10 de octubre de 2000 trata de un caso en el que el conductor había dejado estacionado el autocar para pasar la noche en un aparcamiento, encontrándose cubierto de mantas para preservarlo de las heladas, y entendió que no se trataba de un hecho de la circulación.

Sin embargo, estas sentencias no pueden ser consideradas como precedentes y no permiten aplicar la doctrina que de ellas se desprende al presente supuesto, por tratarse de un hecho distinto a los hasta aquí descritos, que tienen como común denominador que el vehículo se hallaba definitivamente fuera de la circulación… De todos

los materiales estudiados, hasta aquí debe llegarse a una conclusión con respecto a lo que debe entenderse por hecho de circulación: la regla general consiste en atribuir esta categoría a las situaciones en las que el vehículo se encuentra en movimiento, de modo que cuando está estacionado de forma permanente (caso de la sentencia de 10 de octubre de 2000), o bien cuando está siendo utilizado de forma distinta a la que resulta el uso natural de un vehículo (casos de las sentencias de 4 de julio de 2002 y de 29 de noviembre de 2007), no nos hallamos ante un hecho de la circulación.

A esta regla se le debe añadir la que ahora se formula en el caso de que el vehículo se halle aparcado por una parada efectuada durante un trayecto, ya sea por exigencias del propio trayecto, ya sea por exigencias legales, para facilitar el debido descanso del conductor: en estos casos se trata de un hecho de la circulación, por lo que debe declararse la doctrina de acuerdo con la que a los efectos de la interpretación del art. 1 LRCSCVM, contenida en la DA 8ª de la Ley 30/1995, los siniestros ocurridos durante una parada en la ruta seguida por el vehículo constituyen hechos de la circulación y por tanto, están incluidos en el ámbito del seguro de responsabilidad civil contratado.”

Por tanto, si el incendio se debe en el curso de un trayecto, aunque accidentalmente se encontrare parado incluso con el motor apagado, también habría hecho de circulación.

No lo sería en caso de que esta parada fuera tras haber concluido el trayecto (estacionado de modo permanente) o cuando se acreditare que el siniestro ha tenido lugar por causa ajena a la conducción, por ejemplo por la actuación de un tercero.

Subsiste a mi juicio la problemática en el caso del acceso al vehículo en los casos en que el motor no se encuentre encendido. Puede serle aplicada la misma regla de la sentencia anterior.

Si el vehículo aun con el motor accidentalmente apagado, se encuentra en el curso de un trayecto, el inmediato acceso implicaría un hecho de la circulación.

El problema sería determinar ese “inmediato acceso”. En algunos casos puntuales las sentencias de las Audiencias Provinciales han venido a intentar resolver el problema con una extensión del contenido de esta sentencia. Así, por ejemplo, puede destacarse la SAP Madrid de 23 de septiembre de 2009 (los accidentes ocurridos durante el acceso a un vehículo al objeto de iniciar el trayecto o viaje que se pretenda efectuar se comprenden dentro del concepto de hecho de la circulación, no siendo preciso que el vehículo esté en movimiento ni que esté accionado el motor, pues únicamente cuando el vehículo es utilizado para fines distintos a los de la propia conducción del mismo o cuando está parado de forma permanente, puede considerarse no hecho de la circulación).

El art. 2 RD 1507/08, de 12 de septiembre (EDL 2008/143248), establece la definición de lo que debe entenderse por “hechos de la circulación”. Tal definición deviene fundamental atendido que determinará que “el hecho” quede incluido en la cobertura del seguro de responsabilidad civil.

Ahora bien, efectivamente la interpretación de tal concepto puede devenir controvertido en algunos supuestos concretos. Así por ejemplo, se puede plantear la cuestión de si es o no un hecho de la circulación el estacionamiento de un vehículo en la vía pública, si éste se incendia y causa daños a otros, o en el supuesto de apertura de una puerta cuando pasa un ciclista y se le causan daños, o durante el acceso al vehículos ante de iniciar al trayecto o viaje, etc. Entiendo sin embargo, que la noción de “hecho de la circulación” debe interpretarse de forma no restrictiva, y ello por cuanto, el elemento fundamental de tal concepto es “el riesgo circulatorio”, y precisamente este “riesgo circulatorio” abarca incluso los supuestos en que el vehículo no esté en movimiento, sino parado.

Así, los riesgos cubiertos no serán sólo los producidos por el hecho físico del desplazamiento del vehículo sino también todos aquellos que con ocasión del uso propio del automóvil puedan producirse en tanto que integren la noción de riesgo circulatorio.

En este punto, la jurisprudencia de las Audiencias muestra una tendencia general –que no unánime- a considerar muchos de estos siniestros con vehículo estacionado -por ejemplo en el supuesto de daños producidos al subir o bajar de un vehículo, incendio por cortocircuito con vehículo parado,...- como “hechos de la circulación”, ya sea porque se considera que forman parte del riesgo circulatorio, ya sea como consecuencia de la “inversión de la carga de la prueba” que recoge la LRCSCVM (EDL 2004/152063) y que obliga a la aseguradora del causante a probar que la causa fue debida a fuerza mayor, hecho de un tercero o culpa exclusiva de la víctima. Baste citar a título ilustrativo, las siguientes resoluciones:

a) la SAP de Tarragona, de 14 de julio de 1990: accidente de una bicicleta que choca con vehículo estacionado. La sentencia entiende que es indiferente que el vehículo se hallara o no estacionado, puesto que el hecho de la parada transitoria no es más que una manifestación más de la circulación en sentido genérico.

b) La sentencia de la misma AP, de 19 de enero de 1995, en un caso de un vehículo que se encontraba estacionado, al que se le soltó una pieza que ocasionó un derrame de combustible, seguido de un incendio, dice que deben incluirse en el término circulación no sólo los vehículos cuando se hallen en movimiento, sino también cuando se encuentren estacionados o detenidos.

c) La SAP de Baleares, de 21 de junio de 1999 (EDJ 1999/36386): el actor tenía su vehículo aparcado cuando el que estaba estacionado a su lado se incendió sin conocerse las causas; la sentencia entiende que estando el vehículo correctamente estacionado, se produce un hecho de la circulación.

d) La de Cádiz, de 26 julio 1999 (EDJ 1999/47720), señala que es constante la jurisprudencia relativa a que las operaciones de parada, detención y estacionamiento son propias del uso y circulación de vehículos a motor.

e) Finalmente la sentencia de la AP de Valladolid, de 29 de octubre de 1998 (EDJ 1998/31115), resuelve lo mismo en el caso de un incendio a vehículo parado.

Deviene aquí de obligada mención, la doctrina jurisprudencial de la STS de 2 de diciembre de 2008 (EDJ 2008/234509), que con referencia a las sentencias de las Audiencia Provinciales mencionadas, concluye una interpretación amplia del concepto de “hecho de la circulación”, estableciendo que en relación a un supuesto de incendio de un autobús estacionado los siniestros ocurridos durante una parada en la ruta seguida por el vehículo constituyen hechos de la circulación y por tanto, están incluidos en el ámbito del seguro de responsabilidad civil contratado. Señala así que: “De todos los materiales estudiados, hasta aquí debe llegarse a una conclusión con respecto a lo que debe entenderse por hecho de la circulación: la regla general consiste en atribuir esta categoría a las situaciones en las que el vehículo se encuentra en movimiento, de modo que cuando está estacionado de forma permanente (caso de la sentencia de 10 de octubre de 2000), o bien cuando está siendo utilizado de forma distinta a la que resulta el uso natural de un vehículo (casos de las sentencias de 4 de julio de 2002 y de 29 de noviembre de 2007), no nos hallamos ante un hecho de la circulación.

A esta regla se le debe añadir la que ahora se formula en el caso de que el vehículo se halle aparcado por una parada efectuada durante un trayecto, ya sea por exigencias del propio trayecto, ya sea por exigencias legales, para facilitar el debido descanso del conductor: en estos casos se trata de un hecho de la circulación, por lo que debe declararse la doctrina de acuerdo con la que a los efectos de la interpretación del art. 1 de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, contenida en la disposición adicional 8ª de la Ley 30/1995, los siniestros ocurridos durante una parada en la ruta seguida por el vehículo constituyen hechos de la circulación y por tanto, están incluidos en el ámbito del seguro de responsabilidad civil contratado.”

El RD 1507/2008, de 12 de septiembre (EDL 2008/143248), por el que se aprueba el RSO define, en el nº 1 del art. 2, como hechos de circulación los derivados del riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor a que se refiere el artículo primero, tanto por garajes y aparcamientos como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, urbanos o interurbanos, así como por vías o terrenos que, sin tener tal aptitud, sean de uso común.

El concepto de “hecho de la circulación” para el RSO, a mi modo de ver es un concepto extremadamente amplio, ya que precisamente concreta en el párrafo siguiente lo que debe entenderse como excepciones al hecho de circulación, contemplando unos supuestos en los que, efectivamente, no puede interpretarse que la conducción de un vehículo a motor en las circunstancias enumeradas en los apartados A, B y C del número 2 del citado artículo segundo, pueda tener la consideración de “hecho de la circulación”.

Ahora bien, es habitual que se pueda producir una serie de daños de los que pueda inferirse responsabilidad civil, en los que media para la producción de dichos daños el vehículo a motor, y éste se encuentre estacionado o fuera de funcionamiento. La casuística, desde luego, es muy amplia, pues el contenido de la pregunta que se trata de contestar contempla no sólo aquellos casos en los que estando el vehículo totalmente detenido causa un daño a las personas o a las cosas (por ejemplo, por la apertura inopinada de una puerta del vehículo o el incendio de un vehículo con el motor apagado, sino también en aquellos supuestos en los que, tratándose de vehículos dedicados al transporte de viajeros, como consecuencia ya sea de una maniobra brusca del conductor, un frenazo o cualquier otra incidencia en la circulación viaria, se causa daño ya sea a las cosas, ya sea a las personas que viajan en el referido medio de transporte.

En mi opinión, en todos estos supuestos que se contemplan debemos hablar de daños producidos como consecuencia de un hecho de la circulación, en primer lugar porque parece que la redacción del art. 2 RSO tiene vocación generalista, en el sentido de considerar que el hecho de circulación no es sólo el que se deriva del tránsito en sí de los vehículos, sino los  derivados del riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor.

En consecuencia, si fruto de la conducción de un vehículo a motor se produce su estacionamiento en la vía pública y una acción imprudente, tal como la apertura de forma inopinada de una puerta cuando, por ejemplo, transita una bicicleta o un peatón, causándole el consiguiente daño, resulta evidente que nos encontramos, a mi juicio, ante un hecho de la circulación, puesto que el aparcamiento se produce en razón al propio tránsito del vehículo.

En el mismo sentido debemos llegar a la conclusión de que el daño producido a terceros como consecuencia del incendio que se produce en un vehículo, aún cuando el motor esté desconectado, el vehículo cerrado y sin ninguna persona dentro, si evidentemente se demuestra que el incendio trae causa y origen en el propio vehículo a motor, es evidente que se tratará de un daño derivado de un hecho de la circulación, sin perjuicio de las causas técnicas que han producido el incendio del vehículo y, en consecuencia, el daño sufrido por un tercero. En este sentido recordemos que el conductor se erige como responsable último de los daños que el vehículo, por cualquier causa, pueda originar y ya sea como consecuencia de un deficiente mantenimiento del vehículo, del estado inadecuado de las diferentes piezas del automóvil que pueden originar su incendio, o cualquier otra causa, que no sea el caso fortuito o fuerza mayor, el daño que produce el incendio originado en un automóvil o vehículo a motor, aún cuando éste se encuentre estacionado, detenido y con el motor apagado, supone un perjuicio del cuál debe responder el propietario, conductor y Compañía Aseguradora del mencionado vehículo.

Naturalmente se excluye el supuesto de que el incendio en el vehículo haya sido causado por agentes externos, ya sea de forma provocada o accidental. Por lo que se refiere a los daños que pueden sufrir los pasajeros de un vehículo de transporte de viajeros o incluso los daños causados en la mercancía transportada en vehículos a motor, como consecuencia de frenazos o movimientos bruscos del conductor, entiendo que deben quedar sometidos al régimen general de responsabilidad civil, esto es, determinar cuál es el origen o causa del daño producido y si tal origen o causa radica en la impericia, negligencia o leve imprudencia del conductor del vehículo a motor, éste será el responsable del perjuicio causado, ya sea a las personas, ya sea a las cosas.

Recordemos que el art. 1 LRCSCVM (EDL 2004/152063), establece, en su punto uno, que el conductor de vehículos a motor es responsable, en virtud del riesgo creado por la conducción de éstos, de los daños causados a las personas o en los bienes con motivo de la circulación. Este precepto tampoco está determinando expresamente que para que el conductor del vehículo a motor sea responsable de los daños causados a las personas o a las cosas, el vehículo debe estar circulando, sino que será responsable del daño que, como consecuencia de la circulación, pueda causar el vehículo en cuestión. Comprende, por tanto, los daños que puedan causarse en actos anteriores o posteriores al hecho físico de la circulación del vehículo.

La SAP de Valladolid de 26 de febrero de 2009 (EDJ 2009/132989) viene a apoyar, acertadamente, la tesis que vengo manteniendo, considerando que el hecho de estacionar un vehículo en lugar inapropiado constituye de por sí un riesgo para los demás usuarios de la vía y cuando el vehículo cause un accidente como consecuencia del indebido estacionamiento, tal conducta es generadora de responsabilidad civil, toda vez que el irregular estacionamiento causante del riesgo es un hecho derivado de la propia circulación del vehículo.

Por lo que se refiere al supuesto de daños causados en los pasajeros de un vehículo destinado al transporte de viajeros, el art. 11 RGCi, aprobado por RD 1428/2003, de 21 de noviembre (EDL 2003/156972), establece en su número primero que el conductor deberá efectuar las paradas y arrancadas sin sacudidas ni movimientos bruscos, lo más cerca posible del borde derecho de la calzada, y se abstendrá de realizar acto alguno que le pueda distraer durante la marcha; el conductor y, en su caso, el encargado, tanto durante la marcha como en las subidas y bajadas, velarán por la seguridad de los viajeros.

Finalmente se ha de decir que el art. 91 del citado Reglamento establece que la parada y el estacionamiento deberán efectuarse de tal manera que el vehículo no obstaculice la circulación ni constituya un riesgo para el resto de los usuarios de la vía, cuidando especialmente la colocación del vehículo y evitar que pueda ponerse en movimiento en ausencia del conductor. Esta tesis es seguida por gran parte de la doctrina de nuestras.

En resumen, llego a la conclusión de que el daño producido a terceros, como consecuencia de la apertura de una puerta estando el vehículo detenido, el incendio de éste estando parado y con el motor desconectado, sin obedecer a causas externas, o incluso los daños sufridos por los viajeros transportados en un vehículo destinado a tal fin, como consecuencia de una maniobra brusca del conductor, son generadores de responsabilidad pues constituyen hechos de la circulación, de conformidad con el art. 2 RSO.

A los efectos de la responsabilidad civil en la circulación de vehículos a motor y de la cobertura del seguro obligatorio, ¿qué es un “hecho de la circulación”? Siguiendo lo dispuesto en el art. 2 del RD 1507/2008, de 12 de septiembre (EDL 2008/143248), debemos de entender que los “derivados del riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor a que se refiere el artículo anterior, tanto por garajes y aparcamientos, como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, urbanos o interurbanos, así como por vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común” (texto en este aspecto idéntico al derogado art. 3 RD 7/2001, de 12 de enero, EDL 2001/16362).

De la redacción expuesta entendemos que la nota que caracteriza al “hecho de la circulación” es el de la conducción, lo que conlleva una connotación de acción o movimiento, de conducción en definitiva.

Lo cierto es que dicha redacción ha suscitado diversas posiciones doctrinales y corrientes en el seno de la praxis judicial, que van desde la aplicación rigurosa del texto normativo hasta la más flexible que extiende la aplicación del precepto en aras de una protección más acabada del tercero perjudicado.

En este sentido, cabe destacar la STS de 2 de diciembre de 2008 (EDJ 2008/234509) que vino a poner fin a las dudas interpretativas que habían dado lugar a la referida jurisprudencia contradictoria. A su tenor: "debe llegarse a una conclusión con respecto a lo que debe entenderse por hecho de la circulación: la regla general consiste en atribuir esta categoría a las situaciones en las que el vehículo se encuentra en movimiento, de modo que cuando está estacionado de forma permanente (caso de la sentencia de 10 de octubre de 2000), o bien cuando está siendo utilizado de forma distinta a la que resulta el uso natural de un vehículo (casos de las sentencias de 4 de julio 2002 y de 29 de noviembre de 2007), no nos hallamos ante un hecho de la circulación.

A esta regla se le debe añadir la que ahora se formula en el caso de que el vehículo se halle aparcado por una parada efectuada durante un trayecto, ya sea por exigencias del propio trayecto, ya sea por exigencias legales, para facilitar el debido descanso del conductor: en estos casos se trata de un hecho de la circulación, por lo que debe declararse la doctrina de acuerdo con la que a los efectos de la interpretación del art. 1 de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, contenida en la disposición adicional 8ª de la Ley 30/1995, los siniestros ocurridos durante una parada en la ruta seguida por el vehículo constituyen hechos de la circulación y por tanto, están incluidos en el ámbito del seguro de responsabilidad civil contratado".

De lo anterior, se puede afirmar que no constituye “hecho de la circulación”, a estos efectos, el incendio de un vehículo abandonado en la vía pública constando en las actuaciones que el fuego se inició en dicho vehículo (SAP Cádiz de 3 de noviembre de 2009, EDJ 2009/324739), ni cuando el vehículo se encuentre aparcado, en reposo y sin conexión o puesta en marcha de sus mecanismos (SAP Santa Cruz de Tenerife de 31 de octubre de 2008, EDJ 2008/280705), pero sí los siniestros ocurridos durante una parada momentánea en la ruta.

Considero que el concepto “hecho de la circulación” al que se refiere el art. 2 RD 1507/2008, de 12 de septiembre (EDL 2008/143248), que aprueba el RSO, a efectos de indemnización de daños y perjuicios por parte de la compañía aseguradora del vehículo causante del siniestro, debe ser entendido en su acepción más amplia, esto es, resulta indiferente que el resultado dañoso o lesivo acontezca como consecuencia directa de la circulación de un vehículo, como que los daños del mismo provengan de la incidencia en su marcha de agentes externos, por cuanto en ambos casos nos hallamos ante un accidente de circulación, siempre que venga caracterizado, en primer lugar, por la existencia de un vial destinado al tráfico, pudiendo ser aquel tanto de titularidad pública como privada, hoy incluso garajes y aparcamientos (art. 2.1 RSO); en segundo lugar, por la presencia de un vehículo de motor en movimiento; y en tercer lugar, por una víctima o perjudicado sobre la que se produce un resultado lesivo o dañoso.

Conforme a este concepto amplio de “hecho de la circulación” al que acabamos de aludir, la regla general consiste en atribuir esta categoría a las situaciones en las que el vehículo de motor se encuentra en movimiento, incluyéndose también las lesiones sufridas por viajeros a consecuencia de la caída en el interior del autobús urbano por frenazos o movimientos bruscos de su conductor (en este sentido la SAP Almería, Sec. 3ª, de 24 de noviembre de 2005, rec. 205/2005), las lesiones sufridas a consecuencia de la colisión de una motocicleta de “motocross” sin matrícula en un descampado (SAP Granada de 27 de enero de 2006, EDJ 2006/60114) y también aquellas lesiones del conductor de una bicicleta originadas por la apertura de puertas en vehículos estacionados en cuanto que es hecho previo al movimiento del vehículo pero necesario para la circulación.

Por el contrario, no se integran en el concepto “hecho de la circulación”, de un lado, los daños o lesiones causados cuando el vehículo esté estacionado de forma permanente (STS de 10 de octubre de 2000, EDJ 2000/37058), y de otro, cuando ésta siendo utilizado de forma distinta a la que resulta del uso natural del vehículo, como el caso de la muerte de unos jóvenes por inhalación de monóxido de carbono ocurrida mientras se encontraban en el interior de un vehículo parado en un garaje (STS de 4 de julio de 2002, EDJ 2002/26083) o en aquel otro de la muerte de un trabajador durante la operación de carga de un camión detenido con objetos procedentes de otro (STS de 29 de noviembre de 2007, EDJ 2007/222924).

A la regla general de que el vehículo se encuentre en movimiento, se ha añadido por el TS (STS de 2 de diciembre de 2008, EDJ 2008/234509, dictada para unificar la doctrina) como “hecho de la circulación”, aquellos casos en los que el vehículo de motor se halle aparcado por una parada efectuada durante el trayecto –parada en ruta- , ya sea por exigencias del propio trayecto, ya sea por exigencias legales, para facilitar el descanso del conductor, como es el caso de los daños causados por incendio de un autocar estacionado como consecuencia de una parada en ruta, que constituyen hechos de la circulación.

El art. 2 RD 1507/08 (EDL 2008/143248), define qué se entiende por “hecho de la circulación”. En dicha norma se contiene dos condiciones para  entender que estamos ante un hecho de la circulación, en primer lugar, es necesario que exista riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor y, en segundo lugar, es preciso que tal riesgo se produzca en alguno de los lugares que se indican y en concreto, tanto por garajes y aparcamientos, como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, urbanos o interurbanos, así como por vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común.

Parece, por tanto, evidente que el concepto de hecho de circulación es hoy extraordinariamente amplio, sólo limitado por las excepciones que contiene la propia norma –actos deportivos, actividades industriales o agrícolas, desplazamientos en aeropuertos o puertos-, de modo tal que también puede entenderse que incluye también los casos de vehículos estacionados.

El uso de un vehículo a motor y que lo sea en una actividad no excluida, y el lugar en que tiene lugar el siniestro dañoso, son los factores que han de servir para, en cada caso, analizar si estamos o no ante un hecho de la circulación. Si concurren todos estos factores, hay hecho circulatorio, de modo tal que casos típicos como desplazamientos de vehículos con el motor detenido por no estar adecuadamente frenados, incendios de vehículos, incluso estacionados, con daños a terceros, perjudicados con ocasión de estacionamientos y con ocasión de la bajada o entrada de personas en los vehículos, pueden considerarse hechos de la circulación en tanto derivan del uso de un vehículo a motor con ocasión de la utilización del mismo, utilización que la hay cuando, simplemente, está en la vía pública, cuando se accede a un garaje o se sale del mismo para comenzar la circulación propiamente dicha, o por haber terminado la conducción que es una actividad más de la circulación.

En la casuística jurisprudencial, es posible encontrar casos que tienen la consideración como hechos de la circulación siguiendo, con más o menos matices, los argumentos anteriores. Así se ha afirmado que constituyen riesgo de la circulación los casos de fallos eléctricos, cortocircuitos o el estacionar el coche sin activar los elementos de seguridad.

En este sentido, la STS de 2 diciembre de 2008 (EDJ 2008/234509), en relación a un caso de daños producidos por el incendio de un vehículo en un aparcamiento público que causa daños a terceros, afirma que se trata de un hecho de la circulación en el entendimiento de que hecho de la circulación lo constituye tanto aquella situación en la que el vehículo se encuentra en movimiento como cuando el vehículo está  aparcado en parada hecha durante un trayecto, excluyendo sin embargo de tal concepto el estacionamiento permanente y los casos en los que se utiliza el vehículo de forma distinta a la que resulta el uso natural de un vehículo.

Trata por tanto el TS de encontrar un estadio medio, pero avanza a una comprensión amplia del concepto de hecho de la circulación que sin embargo, debe siempre tener límites que en muchas ocasiones vendrán definidos por el causismo y, en otros, por la lógica jurídica, como es el caso del uso del vehículo para cometer delitos dolosos.

Como son muchas las cuestiones planteadas me voy a centrar para resolverlas en los siniestros derivados de la circulación de autobuses en los que se produzcan lesiones a pasajeros.

En primer lugar debe analizarse el tipo de responsabilidad que pueda derivarse, que estimo puede plantearse por una triple vía.

1.- Contra el conductor del vehículo siempre que se aprecia negligencia, por aplicación de los arts. 1902 CC, EDL 1889/1, y 1 de la LRCSCVM, EDL 2004/152063. Se trata, aunque matizada por la teoría del riesgo, de una responsabilidad por culpa.

2.- Contra el propietario del vehículo por aplicación del art, 1903 CC.

3.- Contra la aseguradora del vehículo, por aplicación del art. 7 LRCSCVM.

4.- Basada en el seguro obligatorio de viajeros.

Establece el art. 7 RD 1575/1989, de 22 de diciembre, por el que se Aprueba el RSOVI, EDL 1989/15264: “Gozarán de la protección del Seguro Obligatorio de Viajeros las lesiones corporales que sufran éstos a consecuencia directa de choque, vuelco, alcance, salida de la vía o calzada, rotura, explosión, incendio, reacción, golpe exterior y cualquier otra avería o anormalidad que afecte o proceda del vehículo”.

Concretando su ámbito establece el art. 8: “Como norma general serán protegibles los accidentes acaecidos durante el viaje y los ocurridos, tanto antes de comenzar éste, una vez que el vehículo hubiera sido puesto a disposición de los viajeros para utilizarlo, como los inmediatamente sobrevenidos después de terminar, siempre que, al producirse, el asegurado se encontrara en dicho vehículo”.

Por tanto, se trata de una responsabilidad objetiva que dimana de la mera constatación de daño corporal en el usuario del transporte.

Ambos tipos de responsabilidad son autónomas y compatibles entre sí, conforme al art. 2.3 RSOVI: “El Seguro Obligatorio de Viajeros no libera a las Empresas transportistas, a los conductores de los vehículos, o a terceros de la responsabilidad civil en que, dolosa o culposamente, pudieran incurrir por razón del transporte de personas, ni las prestaciones satisfechas por razón de dicho Seguro reducen el importe de la expresada responsabilidad.”

En este sentido se pronuncian las Sentencias de AP Sevilla de 20 de octubre de 2003 (EDJ 2003/161957), de AP Madrid de 17 de marzo de 2006 (EDJ 2006/68501), de AP Barcelona de 30 de marzo de 2006 (EDJ 2006/254247), y de AP León de 31 de enero de 2007 (EDJ 2007/11204).

Esta es la posición mayoritaria, que permite una acción conjunta pero no, claro está, una duplicidad de indemnizaciones. Se trata de la línea mayoritaria en las Audiencias pero no es unánime. Partiendo de esta aclaración paso a analizar que accidentes en el uso de un vehículo como los contemplados pueden considerarse un “hecho de la circulación”. A tal efecto considero muy interesantes las conclusiones recogidas en el Auto de AP Barcelona de 20 de junio de 2006 (EDJ 2006/339516).

Deberá considerarse hecho de la circulación todas las incidencias que puedan sufrir los viajeros derivadas de la conducción de vehículos, sean o no consecuencia de una actuación negligente de su conductor.

Cuando el vehículo está parado y se produce una caída podríamos encontrarnos ante un hecho cubierto por el seguro obligatorio de viajeros, porque nada tiene que ver con la conducción. Cuando el autobús lo es de transporte urbano, surge el problema de las caídas al bajarse o subir un pasajero por accionado inadecuado por el conductor del mecanismo de apertura y cierre de puertas. El art. 114 RGCi (EDL 2003/156972) regula la apertura de puertas de vehículos detenidos, por lo que difícilmente podemos considerar no se trata de un hecho derivado de la circulación.

Con relación a los autobuses urbanos, se argumenta en la resolución que citamos. “Pues bien, el cierre prematuro de puerta del vehículo público de viajeros también queda en el mismo contexto particularmente en un suceso propio de la circulación como el enjuiciado que se evidencia:

1) En la situación del vehículo en detención breve en una parada intermedia de la línea, que no  estacionamiento.

2) En el mantenimiento del motor en marcha y.

3) En la propia existencia de mecanismo de seguridad que impide reanudar la marcha si no se cierra la puerta, lo que conecta ambas actuaciones”.

El art. 1 RDLeg. 8/2004, de 29 de octubre (EDL 2004/152063), indica en su primer párrafo que: “el conductor de vehículos a motor es responsable, en virtud del riesgo creado por la conducción de estos, de los daños causados a las personas o en los bienes con motivo de la circulación”. Y su párrafo 4 añade que “reglamentariamente, se definirán los conceptos de vehículos a motor y hecho de la circulación, a los efectos de esta Ley”.

Es por lo tanto la “circulación” para la que normalmente está concebida el vehículo a motor, su conducción vinculada al transporte, como su uso propio, de personas o cosas, la que determina qué es el “hecho de la circulación”, porque otros usos no propios del mismo y sus consecuentes riesgos impropios, ajenos al transporte en su desplazamiento e incidencias circulatorias, no lo son. En ese sentido la STS de 2 de diciembre de 2008 ha tratado de zanjar la doble línea jurisprudencial opuesta que siempre ha existido en este tema entre nuestros Tribunales diciendo: “la regla general consiste en atribuir la categoría de hecho de circulación a las situaciones en las que el vehículo se encuentra en movimiento, de modo que cuando está estacionado de forma permanente (caso de la sentencia del TS de 10 de octubre de 2000) o bien cuando está siendo utilizado de forma distinta a la que resulta el uso natural de un vehículo (caso de la STS de 4 de julio de 2002 y de 29 de noviembre de 2007), no lo es “….salvo que el aparcamiento temporal se deba a una exigencia surgida en el trayecto, como puede ser la obligación legal de facilitar el debido descanso al conductor.”

El reglamento a que se refiere el texto refundido es el RD 1507/2008, de 12 de septiembre (EDL 2008/143248), excluye de la cobertura del seguro obligatorio que regula la responsabilidad civil en la circulación de vehículos a motor los hechos que no sean de circulación y para ello reserva un extensísimo y muy casuista art. 2 que pretende  definirlos en positivo –los que son considerados hechos de circulación:

1º párrafo- en negativo - los que no: 2º párrafo- y de forma mixta: uno de cada, en el párrafo 3º-.

En atención a su lectura y fruto de un atento análisis de la evolución sobre este concepto normativo, aunque continúe habiendo posturas jurisprudenciales opuestas, como criterio general, el legislador considera hechos de la circulación todos los que (en función del sitio) se produzcan en garajes, aparcamientos, vías, terrenos públicos o privados aptos para circular, sean urbanos o interurbanos incluso aquellos que sin tener tal aptitud, sean de uso común, sin excluir (pese a ser delito) el uso del vehículo a motor en cualquiera de las formas que el art. 382 CP (EDL 1995/16398) considera delito, entendemos, por ser propios de la circulación, excluyendo la utilización del vehículo para usos impropios de la utilidad funcional de transporte –párrafo 2 b) apartado segundo in fine- del mismo, como son: pruebas deportivas en circuitos ad hoc, tareas industriales o agrícolas ex profeso, circulación por recintos portuarios o aeroportuarios, al tener el riesgo que generen atribuido a otra actividad específica y preferente a la circulatoria, y en segundo lugar, la utilización del vehículo a motor como instrumento de la comisión de delitos dolosos contra personas o bienes (art. 1.4 in fine del RDL 8/2004, EDL 2004/152063), evidentemente, pues tiene su causación en un origen doloso incompatible con la cobertura de riesgo culposo de este tipo de seguro (STS de 23 de junio de 2004 y de 29 de junio de 2006).

En contra de esta postura nuestra, tildada de reduccionista y restrictiva, hay quienes consideran que por encima de la interpretación literal, la finalística del tuitivo mundo del seguro en la conducción de vehículos –que por pretender una protección integral a las víctimas y al consagrar una responsabilidad objetiva obligaría a una interpretación amplia del término “hecho de la circulación”- lleva a cubrir los riesgos “no sólo producidos por el hecho físico del desplazamiento de un vehículo en el espacio….sino todos aquellos que con ocasión del uso propio del automóvil pudieran devengarse”, entre los que incluyen, no estacionar (como también lo hacemos nosotros) sino el estacionamiento mismo (SAP Valencia de 27 de febrero de 2009, EDJ 2009/91224 y de AP Baleares de 21 de junio de 1999, EDJ 1999/36386) interpretación excesiva que no podemos compartir porque en contra del criterio legislativo dispara la cobertura mediante la exasperación elástica del riesgo, como se demuestra por el hecho de que hacerlo supone entender –ilógico e irreal- que el coche desde que sale de fábrica hasta que se envía al Depósito, está jurídicamente “circulando”, cuando lo cierto es que ocurre al revés: está más tiempo parado que en movimiento.

La casuística legalmente reseñada, aunque significativa de la intención del legislador, no cubre todos los supuestos posibles de causación de daños o lesiones asociadas al uso del vehículo a motor como máquina causante de un riesgo inasumible por quien resulta implicado en un accidente, y ello obliga a analizar los supuestos consultados particularizadamente conforme al criterio anterior, resultando:

1.- Vehículo estacionado en la vía pública que se incendia y causa daños a terceros: No es hecho de circulación. No se haya en movimiento propio de transporte al estar estacionado (donde no hay riesgo circulatorio), y por lo tanto, el incendio que en su expansión afecta a terceros será un riesgo impropio que debe cubrirse específicamente (seguro a todo riesgo o seguro de incendio) ya que no lo alcanza la cobertura del seguro obligatorio.

Sobre incendio en vehículo estacionado en vía pública y en contra del criterio de las sentencias favorables a considerarlo hecho de la circulación (Sentencias de AP Valencia de 27 de febrero de 2009, y de AP Baleares de 21 de junio de 1999), el TS en sentencias de 10 de octubre de 2000 (EDJ 2000/26083) ó de 24 de septiembre de 2002, no lo considera tal, igual que nosotros, explicando que para que lo haya “no se exige que el coche se mueva, pues puede estar detenido o en reposo, pero sí es preciso que esté en circulación, o derivada, o inherente o accesoria, y no cabe que esté en situación ajena, extraña o independiente de la circulación” cual es estar ya estacionado (ídem SAP Castellón de 3 de diciembre de 2008, EDJ 2008/336002).

2.- Accidente ocasionado por frenazo que produce lesiones en pasajeros: es el típico evento (acelerar o frenar) que se produce en el acto mismo de conducir y por lo tanto es un hecho inherente y propio de la circulación, cubierto por el seguro obligatorio.

3.- Apertura inopinada de puerta de vehículo ya estacionado que origina lesiones en conductor de bicicleta que justo pasa por allí: Acto posterior a la circulación en conjunción con otro acto, propio de la circulación, pero de una bicicleta que, sin embargo, no es vehículo a motor, y por lo tanto ninguno de los dos está cubierto por el seguro obligatorio.

El estacionamiento supone el fin de la función de transporte propia de la circulación de vehículos a motor y por ello, los actos posteriores de salida o el uso del vehículo para funciones ajenas del desplazamiento (esperar, escuchar música, hacer “botellón”, etc.), pueden y deben asegurarse con cargo a otro tipo de seguros (todo riesgo, principalmente, o de responsabilidad civil ajeno a actos de la circulación).

4.- Accidente ocurrido durante el acceso a un vehículo al objeto de iniciar el trayecto o viaje: Acto anterior a la circulación, al desplazamiento o transporte, que, igualmente estará excluido de la cobertura del seguro obligatorio, porque la iniciación del viaje (que supone el principio del uso propio del vehículo) delimita el punto de origen del posible riesgo que quiere cubrir el seguro que es el uso propio del mismo, no su intención de ser usado. En contra de nuestra postura, el AAP Madrid de 18 de diciembre de 2009 (EDJ 2009/340304) indica que la cobertura del seguro alcanza los daños ocasionados “no sólo cuando el vehículo esté en movimiento, sino también, todos aquellos en los que el daño traiga causa del uso del vehículo, como ocurre cuando el mismo se produce cuando se está accediendo al vehículo, o bien cuando se está bajando del mismo.”

 

El Derecho Grupo Francis Lefebvre no comparte necesariamente ni se responsabiliza de las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación

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