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“Aún queda mucho por conseguir respecto al derecho de autodeterminación informativa que deja nuestra huella en las redes”

Beatriz Sanjurjo, Directora de BSR Abogados

Entrevistamos a Beatriz Sanjurjo Rebollo, Abogada, Profesora y Académica de la RAJyL, con ocasión de la publicación de su libro “Manual de Internet y Redes Sociales” (Dykinson, 2015). Obra donde aborda de forma exhaustiva y ordenada la dimensión jurídica del nuevo panorama de las comunicaciones en la red, con especial referencia al periodismo digital, propiedad intelectual, protección de datos, negocios audiovisuales, e-commerce, consumidores, marketing online y publicidad, entre otros muchos temas.

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¿Qué razones son las que le han llevado a escribir 'Manual de Internet y Redes Sociales'? 

Nuestro entorno ha experimentado una profunda transformación a la que no podemos ser ajenos. Internet ha cambiado nuestra forma de comunicarnos, nuestra vida profesional, personal y de ocio. En poco tiempo nos hemos dado cuenta de que no es posible vivir sin estar conectados a la Red. Es nuestra realidad y sabemos poco de ella. 

Este nuevo ecosistema digital ha originado grandes dudas en cuanto a Redes Sociales, Apps, WhatsApp, delitos en la red, ecommerce, consumidores digitales, marketing, publicidad online, protección de datos o derechos de autor; un ámbito donde también se mueven medios de comunicación y periodistas. Millones de bits de información se intercambian entre usuarios que interactúan 24 horas al día, 365 días al año. Una red activa que late en gran mundo digital globalizado y a tan sólo un clic. 

En este contexto Internet se desvela como un marco de relaciones jurídicas interdisciplinares, donde no existe ya una vida online distinta de la offline, porque las dos son una misma realidad. Nadie escapa a este cambio digital, por eso, es preciso conocerlo más en profundidad, y esa es una buena motivación. 

- ¿Qué opina sobre el que se ha dado en llamar 'derecho al olvido' y como jurista, cuál es su postura ante este planteamiento de derecho a la autodeterminación informativa con respecto a nuestra huella digital en Internet? 

Si practicamos egosurfing, es decir, si ponemos en cualquier buscador como Google nuestro nombre y dos apellidos, aparecerá toda la información relativa a nuestra persona que tiene dicho buscador, seguramente más de lo que pensamos que puede saberse en la red sobre nosotros, esa es nuestra huella digital. Algunos datos los habremos subido nosotros y otros habrán sido aportados por terceras personas, con nuestro consentimiento, o incluso sin él, vulnerando nuestra privacidad. 

La información recabada por esos buscadores se mantiene durante años en la red, lo que permite que pueda ser consultada por cualquier persona desde cualquier lugar del mundo. Si nosotros queremos que dicha información no aparezca más debemos ejercitar el derecho al olvido, hace poco era más difícil ejercerlo, casi una lucha contra gigantes; pero, hoy incluso Google tiene formularios para agilizarlo, eso sí, respecto de datos obsoletos, descontextualizados o que consideremos lesivos. Sin embargo, aún queda mucho por conseguir respecto al derecho de autodeterminación informativa que deja nuestra huella en las redes, una labor ardua que nos corresponde a todos los usuarios. 

- A su juicio ¿cuál cree usted que es el nivel de cultura y conocimiento de la comunicación online que existe actualmente en España a nivel general de la población, y qué medidas considera podrían resultar de interés que promoviese la Administración para facilitar dicho conocimiento? 

Con el gran índice de penetración que tienen en nuestro país el uso de Internet y de las RRSS, gracias al ancho de banda, al uso de terminales móviles y a la gran dependencia que tenemos de ellos, se pone de manifiesto una curiosa contradicción: la gran grieta que existe entre el cada vez mayor dominio de tecnologías digitales frente al desconocimiento de las repercusiones legales que se derivan de su uso. 

Es preciso un mayor apoyo institucional para promover el acceso gratuito y una mayor formación sobre el mundo legal que rodea a Internet, porque nadie puede permitirse ser ajeno a lo que ocurre en la red. La propia Administración notifica y cada vez obliga a presentar más impuestos online, lo que demuestra que es obligado navegar y conocer la red, sus múltiples matices, y las nuevas relaciones jurídicas que surgen a cada paso.

No hay más que consultar foros de juristas y no juristas para comprender que surgen grandes dudas relacionadas con las consecuencias de nuestras actuaciones online a todos los niveles. El periodista Carlos Berbell ha dicho en RRSS sobre mi libro que es: 'para los que saben y para los que no', y espero que así sea, y  que con este texto pueda colaborar, aunque sea mínimamente, a adentrarnos con más seguridad en Internet. 

- El uso de las redes sociales a título particular por el trabajador –sea dentro del  horario laboral, sea fuera del mismo- plantea muchas cuestiones acerca del grado de independencia que éste dispone a la hora de expresarse y comunicar libremente todo aquello que piensa a través de Internet. ¿Puede una empresa imponer a un trabajador cultivar y gestionar su reputación online personal (no profesional) en redes sociales atendiendo a unas directrices impuestas corporativamente por ella? 

El problema del uso de Internet durante la jornada laboral ha sido siempre polémico, yendo desde la permisibilidad al despido; y algunos contratos incluyen un compromiso de no vulneración por el trabajador de la imagen corporativa con sus actuaciones u opiniones fuera de la empresa; pero aún más conflictivo resulta preguntarnos si se puede imponer una reputación online personal del trabajador en base al ideario empresarial.

Es cierto que se contrata conforme a unas directrices corporativas y que en la relación ha de primar el compromiso, la confidencialidad y el respeto; pero, de ahí a obligar a cultivar una huella digital personal en la línea empresarial, eso no es exigible, salvo excepcionales contratos, similares a los que suscriben famosas modelos, imágenes de grandes firmas, que se comprometen a vestir esa marca en su vida privada. 

Hoy nos encontramos en un momento de fuerte protección de la vida privada del trabajador, prohibiéndose incluso al empresario llamar al teléfono de empresa del empleado fuera de su horario laboral. Esa actual defensa de la línea divisoria entre vida personal y profesional no combinaría bien con un excesivo poder de control empresarial sobre la libertad de expresión del trabajador en su huella digital personal. 

- ¿Una cuenta de Twitter es un medio de comunicación a la luz de la actual Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual? ¿Cabe exigir responsabilidad a quien retuitea un comentario injurioso emitido por otra persona a través de un tuit? 

La constitución permite la creación de Medios de Comunicación tradicionales o digitales y los derechos de comunicación en el art. 20 CE. Internet comparte espectro, es cierto, pero Twitter es una gran fuente de información y un magnífico escenario de la libertad de expresión en tiempo real; un modo, pero, no un Medio de Comunicación, pese a que la Ley 7/2010 haya creado ambigüedades de interpretación, o en otros países se valore para su calificación como tal el número de veces en semana que se tuitea. 

El tema de la responsabilidad por el contenido de nuestros tuits o retuits, especialmente cuando se lesiona el honor, la intimidad o el derecho a la propia imagen, es clara y conlleva responsabilidades legales exigibles, pues son los límites constitucionales al derecho a la información y a la libertad de expresión (art 20.4 CE) también de un tuit. 

En esta colisión de derechos el TC señala que primará el derecho a la información cuando el hecho tenga interés público, sea noticiable y veraz, si bien al tiempo reconoce que ni siquiera los personajes públicos, que han permitir una mayor injerencia, pierden su derecho a prohibir ciertas intromisiones en determinadas circunstancias en que deseen preservar su intimidad. Luego, la responsabilidad existe en un tuit y en un retuit. 

- La reciente reforma de la Ley de Propiedad Intelectual operada por Ley 21/2014, de 4 de noviembre, aborda el derecho de cita. Con respecto al ejercicio de este derecho por los usuarios de redes sociales ¿qué novedades trae consigo y, de cara al público general que utiliza Internet, qué cosas se pueden y no se pueden hacer a la hora de citar contenidos ajenos? 

La reforma, de la que trato en el libro, hace del derecho de cita un problema interpretativo. Esta se refiere a un extracto literal de una obra que se publica en otro sitio, pero se habla de fragmentos no significativos que se divulguen en publicaciones periódicas o webs, y de una compensación equitativa irrenunciable, que ha originado que agregadores de noticias como Google News hayan desaparecido de España. 

Se intentan buscar interpretaciones como que a la luz de la LSSI prestadores de servicios electrónicos son quienes se lucran con ello, no el resto; que el copy&paste está prohibido, pero, que puede crearse un resumen original y añadir un link a la fuente sin que ello genere pago. Claro está que el canon lo cobran los editores (AEDE), las entidades de gestión recaudan, y pagan los agregadores. El resto aún son dudas. 

En paralelo el Tribunal Europeo apuesta por la permisibilidad en los links de Youtube, con cierta contradicción con la regulación española. Tendremos que esperar más jurisprudencia, ojalá del TC, sobre límites de este derecho, y así saber interpretar cuándo da derecho esa cita a exigir un pago por su uso, cuándo es un fragmento no significativo, y en definitiva, resolver todos los claroscuros que nacen con la nueva ley. 

- ¿Qué opinión le merece como jurista la noticia recientemente comunicada por Facebook de que sus usuarios podrán dejar como herencia su perfil de Facebook? 

Cuando el creador de Facebook, Zuckerberg, manifestó que se podría nombrar un heredero para gestionar la cuenta en su red social tras el fallecimiento del titular, se puso de manifiesto lo que en varias ocasiones él había manifestado, que jamás pensó que la  red pudiera alcanzar la dimensión social que ha adquirido.

Debemos ser conscientes de que nuestros datos tienen un valor muy superior al que nosotros mismos creemos. Valorar nuestra privacidad es aún una asignatura pendiente. 

Nuestro perfil en Facebook, el muro, nuestras fotos y contenidos, ha convertido esos datos en verdaderas narraciones de una vida, en una biografía digital, algo que Facebook conoce. Permitir que tras nuestra muerte alguien lo gestione es como nombrar un albacea de nuestra herencia, algo que no hay que tomar a la ligera, porque nuestra reputación también afectará a nuestra familia o negocio tras nuestro fallecimiento. No es la primera vez que nos encontramos con procedimientos judiciales en defensa del honor de un fallecido, la problemática se incrementará si esa reputación puede depender de los comentarios de un tercero, sin evidentemente ser ya posible nuestro control sobre ello. 

- Para terminar, supongo que habrá oído hablar del proyecto Watson de IBM. Según usted ¿qué nuevos retos jurídicos traerá consigo la inteligencia artificial aplicada al mundo del Derecho? 

Watson, con esa capacidad de responder a cualquier pregunta, se une como un nuevo elemento a nuestro actual entorno donde smartcities, drones, robots de acompañamiento, wearables o mundo de la domótica, abren un reto a nuevas relaciones jurídicas en el marco de la  inteligencia artificial y la conectividad. La robótica es el presente y su evolución adquiere un ritmo exponencial. Proyectos como el de IBM anuncian una gran evolución que trae consigo campos de investigación jurídica y prácticas forenses innovadoras, en ocasiones lindando con la ética. 

Es evidente que se está produciendo un cambio en el modo de vida de la humanidad a nivel global del que somos testigos y protagonista de excepción. Una revolución silenciosa que  introduce al Derecho en el mundo de la conectividad, Internet y de una la robótica con autonomía intelectual tecnologizada. 

Hoy es el futuro y nadie puede quedarse atrás. La técnica del avestruz -esconder la  cabeza bajo la arena ante los cambios- no es una opción; así que, bienvenidos al mundo de Internet y las Redes Sociales, bienvenidos a las páginas de mi último libro. 


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